Ese hombre
tan ajado de vida
mira el sol otra vez
con ojos amotinados,
como si aún tuviese tiempo de probar
o aplazar para siempre
los llamados del cielo;
como si aún hubiese tiempo;
como si el tiempo
fuera esa música infinita
que en el cuarto de al lado
ha empezado a sonar.
viernes, 20 de mayo de 2011
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