El hombre, un árbol viejo asomado a un paisaje de ausencias,
recibe en el pecho el balazo del viento.
Por las quebradas, desde el remoto mar, ha volado el viento mensajero
para enlutar su sangre y derrotarlo, y lo bebe de un trago.
¡Tan brutal es la muerte cuando toca el corazón del hijo!
Ha imaginado un corazón parado. Los cables de la muerte
tendidos al vacío, y una noche en ceniza lloviendo sin cesar entre
las islas.
Y en la memoria, donde habitara aquel rostro viajero,
el fuego es una inmensa boca por un papel gastado.
¡Oh poseer películas eternas!
¡Oh si la voz del hijo sonara en los follajes
desde una antigua grabación desperdiciada!
Porque lo que más duele ahora es el desperdicio del tiempo,
las absurdas, humanas negligencias...
Como un ala arrancada que no sabe posarse,
lleva su silla de una ventana a otra y contempla las montañas del norte,
sintiendo el mar lejano, interpuesto entre ambos.
Partir. ¿con este viento? ¿en el calor agobiante del camino?
Partir con esa muerte a cuestas que quisiera para sí, golpeándolo,
astillándole la vida sin matarlo.
"El olvido" - piensa- "sólo el olvido espeso de las piedras",
cuando manos familiares le acercan un refugio inútil,
y ahogado de secretos, se resigna al falso silencio del crepúsculo
lleno de voces por lo bajo y de muros que caen...
La ironía de un viejo corazón
que abre y cierra sus válvulas a tiempo,
en el despeñadero de la soledad...
viernes, 24 de junio de 2011
lunes, 13 de junio de 2011
PEQUEÑO ULISES
Por bordes de la noche
viaja alguien.
Su equipaje no excede de un ombligo y dos ojos.
Si tose, guarda un papel o ríe,
acaso dé lo mismo extraviarse
o volver.
Y las almas compasivas se preguntan;
pero cualquier respuesta frente a la oscuridad
es válida y atroz.
Si ahora lo vieras lanzar sus manos
contra la noche, para acogotarla,
sería justo;
pero en lugar de eso deja dormir dos ángeles
arriesgados y expuestos.
Porque él ama a esa noche sin embargo
como a una inmensa madre. . .
y la noche es un gato que mea contra el viento
para que el viento disemine
un olor demente a cuchillo y a risas. . .
Por bordes de la noche
alguien va
arriándose a sí mismo
hacia el kilómetro equis de una ruta sin besos.
El desabrigo cabe en la violencia
de una lata vacía.
viaja alguien.
Su equipaje no excede de un ombligo y dos ojos.
Si tose, guarda un papel o ríe,
acaso dé lo mismo extraviarse
o volver.
Y las almas compasivas se preguntan;
pero cualquier respuesta frente a la oscuridad
es válida y atroz.
Si ahora lo vieras lanzar sus manos
contra la noche, para acogotarla,
sería justo;
pero en lugar de eso deja dormir dos ángeles
arriesgados y expuestos.
Porque él ama a esa noche sin embargo
como a una inmensa madre. . .
y la noche es un gato que mea contra el viento
para que el viento disemine
un olor demente a cuchillo y a risas. . .
Por bordes de la noche
alguien va
arriándose a sí mismo
hacia el kilómetro equis de una ruta sin besos.
El desabrigo cabe en la violencia
de una lata vacía.
domingo, 12 de junio de 2011
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