Por bordes de la noche
viaja alguien.
Su equipaje no excede de un ombligo y dos ojos.
Si tose, guarda un papel o ríe,
acaso dé lo mismo extraviarse
o volver.
Y las almas compasivas se preguntan;
pero cualquier respuesta frente a la oscuridad
es válida y atroz.
Si ahora lo vieras lanzar sus manos
contra la noche, para acogotarla,
sería justo;
pero en lugar de eso deja dormir dos ángeles
arriesgados y expuestos.
Porque él ama a esa noche sin embargo
como a una inmensa madre. . .
y la noche es un gato que mea contra el viento
para que el viento disemine
un olor demente a cuchillo y a risas. . .
Por bordes de la noche
alguien va
arriándose a sí mismo
hacia el kilómetro equis de una ruta sin besos.
El desabrigo cabe en la violencia
de una lata vacía.
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